Spanish-language review of The GNBCC in the Periódico de Libros

“La edad de oro de los comics” / Periódico de Libros / Cristian Soler / April 4, 2013

En The G.N.B.C.C. un narrador anónimo, que por su figura y parecido bien podría ser un álter ego del propio Seth, realiza un recorrido por una enorme construcción que data de 1935 y que está ubicada en la calle Milverton. Este edificio es la sede de The Great Northern Brotherhood of Canadian Cartoonist, que en español podría traducirse como “La gran fraternidad de caricaturistas canadienses del norte” y de la que el narrador es socio, por lo que su historia es una invitación a conocer cada rincón de esta construcción y a apreciar los tesoros que en ella se encuentran a la vez que se descubre la historia de los comics en Canadá.

El edificio en el que funciona esta fraternidad de caricaturistas cuenta entonces con una serie de espacios que por sí mismos relatan una historia y que poco a poco el narrador también ayuda a develar. De esta forma el lector pasa por el lobby, decorado con lámparas de estilo art deco y murales dibujados por algunos caricaturistas socios del club, conoce los salones en los que se celebraban fiestas bastante concurridas, visita las galerías en las que cuelgan los retratos de los caricaturistas que han pertenecido a esta fraternidad y también entra a las habitaciones que el club disponía para que sus socios pudieran vivir y trabajar en sus obras. Pero sobre todo el lector conoce a los personajes de las caricaturas, aquellos que dan sentido a la fraternidad y que se convierten en la razón de ser de los autores.

¿Pero cómo es posible que exista una institución de esta naturaleza? Como lo informa el narrador, Canadá fue el único país que a inicios del siglo veinte tuvo como política cultural incentivar las caricaturas y apoyar a aquellas personas que vivían de producirlas. De hecho, la sede que el narrador nos está mostrando en Dominion, es solo una de las cuatro sedes que la fraternidad de caricaturistas canadienses tuvo, siendo las otras las de Winnipeg, Montreal y Toronto. Igualmente, en un intento por preservar la historia de las caricaturas, se construyó una especie de Fortaleza de la Soledad (cfr. Superman), un archivo con toda la historia de las caricaturas canadienses en un edificio inspirado en los iglús y que está ubicado en un lugar frio y remoto. Y era tal el apoyo a las caricaturas, según cuenta esta historia, que los personajes de los comics aparecían cada año en los desfiles que se celebraban, igualmente los autores eran figuras públicamente reconocidas a las que se les citaba frecuentemente en los periódicos y que eran invitados a toda serie de eventos como entregas de premios culturales o galas de beneficencia.

Sin embargo, como es frecuente en la obra de Seth, hay también en esta historia un elemento de nostalgia. Al recorrer los salones en los que se celebraban las fiestas nos damos cuenta de que en ellos ya casi no se celebran eventos a no ser que hayan sido alquilados para conciertos o matrimonios. Casi todos los antiguos socios del club han muerto y los nuevos ya no visitan este lugar, la casa tiene señales de deterioro y falta de mantenimiento y algunas de sus esculturas han sido víctimas del vandalismo. Las máscaras de los personajes de caricaturas más famosos que se usaban en los desfiles se encuentran guardadas en un cuarto, cubiertas de polvo. Finalmente, la sede que recorremos en el pueblo de Dominion, es la última sede de la fraternidad ya que las otras han sido cerradas. La edad de oro de las caricaturas parece haber terminado y lo que estamos presenciando en este libro es entonces un recuento realizado por alguien que conoce esta historia, un caricaturista pero sobre todo un lector de comics.

En el prólogo escrito por Seth se nos informa que esta historia nació de su cuaderno de bocetos, poco a poco él fue llenando los vacíos entre los diferentes dibujos y narrativas que se venían desarrollando y le fue dando forma al libro. Sin embargo en el producto final se puede ver que, si bien el recorrido por la sede de la fraternidad le da unidad a la historia, este recorrido no es más que una excusa para introducir toda una serie de narrativas y explorar varios temas y géneros que son del interés de Seth. Así, en la historia de las caricaturas canadienses, el autor incluye elementos que son tanto reales como ficticios: los nombres de los autores que Seth menciona como miembros del club y sus obras son en su mayoría una invención, sin embargo entre ellos también se encuentran algunos caricaturistas que realmente existieron, tal es el caso de Doug Wright a quien el narrador le dedica varias páginas para discutir su admiración por una de sus creaciones, Nipper, una historia enfocada en las dificultades de la infancia y la vida familiar y que poco a poco se convirtió no solo en una representación de la cultura canadiense sino también de sus paisajes. Igualmente aparece ChesterBrown, amigo personal de Seth y caricaturista canadiense, que en esta obra es mencionado como uno de los pocos ganadores del Journeyman, el máximo galardón entregado por la G.N.B.C.C. al mejor caricaturista de una década.

Las caricaturas que se discuten en este libro, igualmente en su mayoría una invención de Seth, tienen como eje común que de una u otra manera discuten o problematizan elementos de la cultura canadiense a la vez que hacen un recorrido por varios géneros narrativos. Kao-Kuk, por ejemplo, es una historia que recuerda a las óperas espaciales que se escribían a mediados del siglo XX, sin embargo en este caso el astronauta es un esquimal, alguien que en las soledades del espacio ha encontrado un lugar bastante parecido a su hogar. Otra caricatura que se menciona es la de Canada Jack, personaje cuyas cualidades lo hacen similar a los superhéroes creados durante la Segunda Guerra Mundial para incentivar el patriotismo, siendo el Capitán América otro ejemplo. En esta caricatura ficticia, que es descrita como una obra que muy seguramente fue producida por un amateur, el héroe rompe varias de las reglas del género de superhéroes imperante en esa época: se hace preguntas existenciales, discute sobre la construcción de carreteras e interactúa con una versión mal interpretada de Snoopy, el perro que aparece en Peanuts, la caricatura escrita y dibujada por Charles Schulz.

Una de las caricaturas que se discuten en este libro, dibujada por un tal Henry Pefferlaw, llama bastante la atención en cuanto serviría como espejo para entender el resto de la obra. El narrador nos cuenta que Pefferlaw, antes de desaparecer misteriosamente, dibujó una obra llamada The Great Machine (La gran máquina), una caricatura en la que un hombre que acaba de comprar un edificio abandonado por varios años descubre al recorrerlo que en cada una de sus habitaciones se encuentran diferentes maquinas extrañas y cuya utilidad no es del todo conocida. The Great Machine es calificada por el narrador como una obra experimental, bastante descriptiva y que parece casi un catálogo, igualmente es comparada con trabajos como “La colonia penitenciaria” de Kafka o la Máquina del tiempo de H.G. Wells. ¿Se podría, por lo tanto, entender al libro de Seth, The G.N.B.C.C, de la misma manera que The Great Machine, como una máquina narrativa, como una experimentación formal? Al igual que Seth o que el ficticio Pefferlaw, el escritor francés Raymond Roussel en su novela Locus Solus cuenta la historia de un científico que ofrece un recorrido a varios de sus compañeros por sus dominios en los que a cada momento se encuentran con una serie de máquinas e inventos extraños. La descripción y la explicación en esta novela experimental dan siempre paso a realizar juegos con el lenguaje y su sonoridad; esto es de cierta manera lo mismo que realiza Seth y su ficticio Pefferlaw en The G.N.B.C.C, los catálogos de autores y narrativas le permiten jugar con diferentes géneros y estilos, reinterpreta las convenciones del cómic a la par que cuenta su historia a lo largo del siglo XX.

Al final del recorrido queda flotando, sin embargo, una pregunta: ¿es cierto que hubo un momento en la historia de Canadá en el que las caricaturas y quienes las hacían jugaron un papel central en la sociedad? Al parecer esto que el narrador nos había dicho al principio es, al igual que el pueblo ficticio de Dominion, una metáfora para contar algo que si bien no es cierto tiene algo de verdad. Hoy en día los comics son vistos como un mero entretenimiento popular, algo que sólo les puede interesar a adolescentes gordos, con gafas gruesas y la cara cubierta de acné, tan tímidos, tan torpes en cualquier interacción social que deben esconderse detrás de revistas que cuentan maravillosas aventuras de hombres musculosos y con superpoderes que salvan el planeta a la par que rescatan a hermosas doncellas. Sin embargo todo aquel que reniegue de estas aventuras, que las vea como demasiado ingenuas o simplonas, difícilmente puede negar el hecho de que sus primeros hábitos de lectura se dieron cuando esperaba el periódico de la mañana para leer las aventuras de Mafalda, de Snoopy y Charlie Brown, de Calvin y Hobbes o de Olafo el amargado; de que en algún momento compró en un supermercado las revistas de Condorito o que se dejó llevar a diferentes lugares del planeta siguiendo las peripecias de Tintín y su perrito Milú. Es probable, por lo tanto, que ese momento en el que las caricaturas jugaron un papel importante en la sociedad sí se haya dado pero no se encuentre en Canadá sino en algún lugar cercano a la infancia.




"The Golden Age of Comics"

In The G.N.B.C.C, an anonymous narrator, who by his figure and looks seems to be an alter ego of Seth himself, journey through a huge construction, built in 1935 and that is located in Milverton Street. This building is the headquarter of The Great Northern Brotherhood of Canadian Cartoonist, of which the narrator is a member; Thus, this story is an invitation to know each corner of this building and see all the treasures that are found in it while at the same time one discovers the history of Canadian cartoons.

The building in which this brotherhood functions has, therefore, several spaces, each one with their own stories and which are also told with the help of the narrator. In this way the reader gets to know the entrance and the figures of several cartoon characters engraved in it, the lobby, decorated with an art deco lamp and with large murals designed by some old members of the brotherhood; he also gets to know dance rooms and the bars, which held crowded meetings and several parties, he visits the galleries with the portraits of the Canadian cartoonists that were part of this club and enters to the rooms that the brotherhood had so that the cartoonists could live and work in their stories. But, above all, the reader gets to know the cartoon characters, the ones that give a sense and a reason of being to this brotherhood and to the authors.

But how it is possible for such an institution to exist? As the narrators explain, Canada was the only country that at the beginning of the twentieth century had a cultural politic of supporting and promoting cartoons and the people that was involved in their production. In fact, the headquarter of the Brotherhood of Canadian Cartoonists that the narrator is touring in Dominion is only one of other three, which are located in Winnipeg, Montreal and Toronto. Also, for the sake of preserving the history of cartoons, a kind of Fortress of solitude was built (cf. Superman), an archive with a comprehensive material of the history of Canadian comics in a building inspired by the igloos and which is located in a remote and cold place. And was the support of cartoons so great, according to this story, that every year the most famous and important characters of Canadian cartoons appeared in an annual parade, likewise the authors were renown figures whose opinions were printed in newspaper and who were invited to public events such as cultural awards ceremonies or charity dinners.

However, as it is common in Seth’s work, nostalgia is a common element throughout the entire story. When we go through the dance rooms in which great parties were held we notice that nowadays they are not used for gatherings of Canadian cartoonists, instead, they are rent for events such as rock concerts or marriages. Almost all of the old members of the club are dead and the new ones no longer visit this place, the house shows visible signs of deterioration and lack of maintenance and some of the sculptures are victims of vandalism. The masks of the most famous cartoon characters that were used for the parades are kept in a room, covered with dust. Finally, the headquarter that we are touring in Dominion is the last one of the brotherhood for the others were closed. The golden age of comics seems to have arrived to an end and what we are seeing in this book is, therefore, an account of this past made by someone that was pretty close to this story, a cartoonist but, above all, a comic reader.

The introduction, written by Seth, states that this story comes from several ideas and drawings he had in his sketchbook, little by little he started to fill the gaps between the drawings and the different narratives that he was developing and gave an unitary form to the book. But in this final stage it is possible to see that, even though the journey through the Brotherhood’s building gives a unitary sense to the story, this journey is more like an excuse for Seth to explore and introduce different narratives and genres that are of his interest. In this sense, in the history of Canadian cartoons, the author includes several elements that are both, real and invented: most of the cartoonists that Seth mentions as members of this brotherhood and their works are invented, but among them there are also some people that existed or exists. That is the case of Dough Wright, to whom the narrator dedicates several pages for discussing one of his creations, Nipper, a history focused in the difficulties of childhood and family live and that was not only a representation of Canadian culture but also of its landscapes, becoming a praise of nature’s beauty. Likewise, in this story appears ChesterBrown, a Canadian cartoonist and personal friend of Seth, which is mentioned in this book as one of the few recipients of the Journeyman, the greatest award given by the G.N.B.C.C. to the best cartoonist of a decade.

The cartoons that are discussed in this book, in most of the cases an invention of Seth, have as a common feature that they discuss or problematize certain elements of Canadian culture while at the same time they make a journey through several genres. Kao-Kuk, for example, is a story that recalls the space operas written during the decade of the 50’s, nevertheless in this specific case the astronaut is an Eskimo, someone that has found in the vast solitude of space a place similar to his home. Another cartoon that is mentioned is Canada Jack, a character whose characteristics make him similar as those superheroes created during World War II in order to stimulate the patriotism among the citizens, being Captain America a good example of this phenomenon. In this fictional cartoon, which is described as a work probably produced by an amateur, the main character breaks several rues of the superhero genre of its time: he asks himself existential questions, discusses lengthy about road construction and interacts with a bad interpretation of Snoopy, the famous character created by Charles Schulz.

One of the cartoons that is discussed in Seth’s book, supposedly drawn by a certain Henry Pefferlaw, calls very much the attention as it works as a mirror that could allow the reader to understand better the entire work. The narrator tells he reader that Pefferlaw, before disappearing mysteriously, draw a cartoon called The Great Machine in which a man, who has bought a building abandoned for several years, discovers that in several rooms there are different and strange machines whose utility is not known. The Great Machine is described by the narrator as an experimental work, really descriptive and that seems to be almost a catalogue; likewise it is compared with literary works such as Kafka’s “In the Penal Colony” or The Time Machine by H.G. Wells. Is it possible to say, then, that one can understand Seth’s book, The G.N.B.C.C, in the same way as The Great Machine, as a narrative artifact, as a formal experimentation? Just as Seth or the fictitious Pefferlaw, the French writer Raymond Roussel tells in his novel Locus Solus the story of a scientist that offers to some guests a journey through his dominions, in this journey they will encounter a great number of strange machines and inventions. Thus, the description and explanation in this experimental novel turn into a play with language and its sonority; that is what, in a certain sense, Seth and his fictitious Pefferlaw are attempting in The G.N.B.C.C, the catalogues of authors, of machines and characters allow a play with different genres and styles, they give way to a reinterpretation of some comic conventions while at the same time they tell the history of Canadian cartoons throughout the twentieth century.

Nevertheless, at the end of the journey through the building of The G.N.B.C.C. still remains one question: Is it true that there was a time in Canada’s history when cartoons and their authors played a central role in society? It seems that what the narrator told us at the beginning of the story is, just as the fictitious town of Dominion, a metaphor to show something that, even though it didn’t happen, has a certain element of truth. Nowadays comics are regarded by many people as a popular entertainment, something that could only be interesting to fat teenagers, with big glasses and the face full of acne, so shy, so clumsy in their social interactions that they hide themselves behind magazines that tell the story of strong en with superpower that save the planet and at the same time rescue beautiful girls that fell in love with them. However, all those who complaint of these stories, who regard them as simple or naïve, could hardly deny the fact that their first reading habits were developed when he waited every morning for the newspaper to arrive in order to follow the adventures of Mafalda, Snoopy and Charlie Brown and Calvin and Hobbes; that there was a time in which they travel throughout the world following the great deeds of Tintin and his little dog Milu. Hence it is really possible that the time in which comics and cartoons played a certain role in society indeed happened, but it didn’t take place in Canada but somewhere near childhood.

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